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¿Dejar de fumar?

smokingDejar de fumar y evitar los ambientes sin humo son dos regalos de año nuevo que nos deberíamos plantear. Son dos medidas que repercuten de forma relevante en nuestra salud, tanto como causa de muerte como por los problemas de salud y las discapacidades que pueden llevar asociados.

A través de los medios de comunicación, de la información sanitaria que se recibe en los colegios, en las empresas, en los centros de salud y en otros ámbitos,  y en el tercer cumpleaños de la puesta en marcha de la ley contra el tabaquismo, no nos debería quedar ninguna duda sobre los beneficios que tiene dejar de fumar. Y si tenemos dudas, o nuestra salud no es importante para nosotros, hay que ser conscientes de que el tabaquismo pasivo, es decir el respirar en ambientes con humo,  daña la salud de los que nos rodean.

¿Qué hay que hacer para dejar de fumar? Hay muchas personas que lo han conseguido por sí solas, tomaban la decisión de parar, pasaban su síndrome de abstinencia y lo abandonaban. ¿Para siempre? A veces sí y a veces no, son frecuentes las recaídas, pero no hay que tomarlas como un fracaso, la siguiente vez que se intente todo resulta más sencillo, y la posibilidad de éxito a largo plazo es mayor. Afortunadamente ahora tenemos muchas más herramientas, y si usted cree que necesita ayuda, quiere saber si es buen momento para dejarlo, o cualquier duda que le surja en relación al hábito tabáquico, su médico de familia, su pediatra y su enfermera pueden asesorarle en su centro de salud. Existen intervenciones para dejar de fumar y para evitar la exposición al aire contaminado por el humo del tabaco.

Sabemos que el tabaco produce una adicción física y otra psicológica, pero además es una conducta que hemos aprendido y una adicción social. Por ello hay que trabajar todos estos aspectos con el fin de conseguir un resultado óptimo. Hay que elegir el momento adecuado, tener en cuenta lo que va a ocurrir cuando se cese el hábito para evitar momentos que exijan mucha concentración en las dos semanas posteriores, controlar el peso, sugerir comportamientos para distintas situaciones que se pueden presentar, informar sobre la pertinencia o no de utilizar fármacos. Todo esto es accesible en Atención Primaria, aunque algunos casos pueden necesitar la derivación a consultas especializadas.

Algunas de las dudas más frecuentes que surgen cuando se quiere dejar de fumar son:

-El tabaco me ayuda a concentrarme, si dejo de fumar no podré rendir igual. Eso no es cierto, el tabaco no ayuda a pensar mejor, es un hábito que asociamos con determinadas actividades y nos cuesta concentrarnos si falta por la dependencia que tenemos. Si lo dejamos disminuirá nuestra capacidad durante las primeras semanas, pero luego no habrá diferencia en nuestras actividades.

-Si dejo de fumar, engordo. Es verdad, puede incrementarse el peso entre 2 y 5 kg por término medio, aunque se puede disminuir evitando picar productos muy calóricos  y aumentando la actividad física. Algunos tratamientos farmacológicos también ayudan a que la ganancia de peso sea menor.

-Me gusta fumar. El tabaco tiene sustancias adictivas y crea una dependencia. El fumador se siente mejor cuando fuma. Pero una vez superado el síndrome de abstinencia, el organismo se modifica y no hace falta fumar para sentirse bien. Al contrario, oleremos mejor, la comida será más sabrosa, los dientes no se pondrán amarillos…

En cuanto a los ambientes sin humo, probablemente son recomendaciones menos frecuentes realizadas a los adultos, aunque sí se suelen realizar en el ámbito pediátrico. Fundamentalmente serían:

-Evitar siempre y en cualquier circunstancia estar expuestos al humo del tabaco en casa, en el coche, en casa de familiares y amigos, y en lugares públicos.

-Fumar siempre fuera de casa y, si se hace en un balcón o en una galería, cerrar completamente la puerta de acceso a la vivienda.

-Tener en cuenta que en este momento no existe ningún dispositivo que elimine el humo del tabaco ni sus productos tóxicos del ambiente.

-La infancia es la principal perjudicada ya que Los niños no pueden evitar voluntariamente la exposición al aire contaminado por el humo del tabaco, por ello conviene que siempre tengamos en cuenta su presencia y les protejamos de la exposición.

-Siempre que se pueda, escoger ambientes libres de humo cuando se esté fuera de casa.

Merece la pena, intentémoslo.

Ana Pastor Rodríguez-Moñino

Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

Miembro del Comité Científico de la Fundación Irene Megías