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La historia de Irene
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| Vacunología reversa: Cómo conseguimos hacer las nuevas vacunas |
| Domingo, 16 de Enero de 2011 00:00 |
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Pero hay microorganismos en los que no se puede aplicar este principio: no tienen componentes que puedan producir esa respuesta de anticuerpos, o bien es imposible cultivarlos. De manera que conseguir vacunas frente a ellos hasta hace unos años era una tarea imposible. Afortunadamente, en los últimos tiempos este paradigma ha cambiado. En 1995 se consiguió describir la secuencia genómica de un organismo por primera vez: es decir, la cadena de ácido desoxirribonucleico (ADN), que es la responsable de que se formen unas proteínas determinadas en el microorganismo. A partir de aquí se han descrito y analizado muchas más secuencias en distintos microorganismos. Este trabajo ha hecho que también se mejoren las técnicas que ayudan a describir las secuencias de ADN, y a partir de ahí se ha ido ampliando la información sobre los diferentes microorganismos. De esa manera podemos comprender mejor cómo actúan y a través de qué mecanismos producen daño a los seres humanos y qué proteínas, de esas que están codificadas por su ADN, son más capaces de producir una reacción en el huésped. Además de mejorar el conocimiento científico general, la tecnología basada en el genoma ayuda a desarrollar nuevos tratamientos y vacunas. Se llama vacunología reversa a la investigación en vacunas basada en la información que se aporta a través del genoma. Se utiliza para investigar en aquellos microorganismos en los que los tradicionales principios de Pasteur han fallado. El hecho de poder identificar el genoma de algunos organismos ha facilitado en gran manera el iniciar el desarrollo de algunas vacunas. A partir del genoma del microorganismo (ADN) se pueden identificar las proteínas de superficie que actúan como antígeno, es decir, que son capaces de generar una respuesta inmunológica cuando tienen contacto con el sujeto y que este produzca anticuerpos frente a la enfermedad. Con estos antígenos primero se hace una prueba, para ver si realmente son capaces de inducir una respuesta y se seleccionan los antígenos que son capaces de generar mayor respuesta. De esta manera se están investigando vacunas contra enfermedades en las que no se había podido desarrollar ninguna protección siguiendo el principio de Pasteur: meningitis por N. Meningitidis B, infecciones estreptocócicas, malaria producida por Plasmodium Falciparum y muchas más. Es un camino muy esperanzador para la prevención de muchas enfermedades y muchas de ellas serán accesibles en un tiempo no muy lejano. Ana Pastor Rodriguez-Moñino Médico de Familia Miembro del Comité Científico de la FIMM |

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