¿Qué son la meningitis y la sepsis?

La meningitis es la inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal.

La meningitis puede ser de origen vírico, que suele ser benigna y de consecuencias leves o de origen bacteriano, que es la más peligrosa.

Fundamentalmente hay 3 tipos de bacterias causantes de meningitis, la Haemophilus Influenzae B (HiB), el neumococo y el meningococo con todos sus serogrupos (A, B, C, W, X e Y).

La sepsis es la variedad de la enfermedad bacteriana cuando la infección se desplaza por el torrente sanguíneo a todo el cuerpo.

En general, la meningitis y la sepsis bacterianas son muy peligrosas, y pueden progresar muy rápidamente; mientras que la meningitis vírica es dolorosa, pero, usualmente, no suele ser peligrosa.

 

¿Quiénes pueden padecer estas enfermedades?

Cualquier persona puede contraer meningitis o sepsis, pero los grupos de mayor riesgo son los niños menores de 5 años y los jóvenes de entre 15 y 24 años. De hecho, es la primera causa de muerte por infección en niños y adolescentes.

La meningitis de origen bacteriano, la más peligrosa, puede resultar mortal; aunque el fallecimiento se produce únicamente en un reducido porcentaje de los afectados (aproximadamente el 10%). Sin embargo, algunas de las personas que sobreviven (hasta un 20%) quedan con minusvalías u otras secuelas tales como pérdidas sensoriales, daños cerebrales o amputación de miembros.

 

¿Cómo se contrae la enfermedad meningocócica invasiva (EMI)?

La EMI es causada por la bacteria Neisseria meningitidis o meningococo. Históricamente, los serogrupos B y C han sido responsables de la mayoría de los casos clínicos en España.

Se contrae cuando el meningococo vence las defensas del sistema inmunitario del cuerpo y pasa a la corriente sanguínea causando meningitis, sepsis o ambas enfermedades.

El meningococo es una bacteria muy común y, para la mayoría de las personas, resulta inocua. Entre un cinco y un veinte por ciento de la población la lleva en la nariz y en la garganta sin incluso saberlo. Estas personas se llaman portadores asintomáticos, porque portan sin saberlo el microorganismo y lo expulsan al exterior en sus secreciones nasofaríngeas (al estornudar, toser, etc.).

El meningococo no puede vivir durante mucho tiempo en el aire, no sobrevive más que durante unos momentos fuera del cuerpo humano. No se puede transmitir a través de los objetos de la vida cotidiana.

 

¿Pueden prevenirse la meningitis y la sepsis?

La vacunación es la mejor defensa ante éstas y otras enfermedades. Las vacunas existentes ofrecen una excelente protección, pero no pueden prevenir todas las formas de la enfermedad.

También es importante mantener unos hábitos de higiene y de vida saludables que ayuden a nuestro sistema inmunitario. Evitar sustancias tóxicas como el tabaco, el alcohol y otras drogas es fundamental, pues debilitan nuestra protección natural ante los agentes externos.

 

¿Cómo saber si alguien está enfermo?

El reconocimiento precoz de síntomas es fundamental para una curación total. Desgraciadamente, los primeros indicios generalmente se confunden con los síntomas que acompañan a otras enfermedades infecciosas banales, tales como fiebre, irritabilidad en los bebés, dolor de cabeza en los niños mayores, decaimiento, vómitos y rechazo de la alimentación.

Sin embargo, algunos síntomas pueden orientar hacia la enfermedad meningocócica antes de que aparezcan otras manifestaciones más específicas: dolor en las piernas (aparecen hasta en un 35% de los niños capaces de expresar este síntoma), pies y manos fríos o color pálido violáceo de la piel. Otros síntomas a tener en cuenta son disminución del nivel de conciencia y convulsiones. Cualquiera de estos signos en un niño, con fiebre de causa desconocida, es una llamada de atención sobre la posibilidad de que se esté iniciando una infección meningocócica.

 

 

Las petequias (test vaso)

Es uno de los signos que pueden ser indicativos de la enfermedad meningocócica. Son pequeñas manchas de color rojo o morado que normalmente aparecen primero en el torso y, en poco tiempo, se extienden por el resto del cuerpo.

Para reconocer las petequias y descartar otras manchas sin importancia (pecas, hematomas…), basta una sencilla prueba: si, al presionar las manchas con un vaso de cristal, éstas no desaparecen, puede tratarse de petequias peligrosas, y es imprescindible obtener ayuda médica urgente.

 

 

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