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| Raquel |
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Hola,Soy Juani, vivo en Guadarrama, soy madre de tres hijas y os quiero contar lo que le sucedió a mi queridísima hija Raquel, que tenía tan sólo 17 años. Todo empezó el día 14 de abril de 2008, sobre las 00:30 horas. De repente y sin motivo alguno, Raquel empieza a sentirse mal, comienza a tener mucho frío y poco después siente un dolor de cabeza fortísimo y fiebre muy alta. Sus hermanas y yo nos asustamos mucho y la llevamos rápidamente al Centro de Salud del pueblo. Su padre no estaba en casa, pues se encontraba ingresado en un hospital por un accidente de trabajo que le provocó una dolencia que estaban estudiando. Una vez en el Centro de Salud, la doctora y la enfermera nos intentaron calmar, especialmente a Raquel, pues temblaba mucho y pensaban que era porque estaba muy nerviosa, aunque en realidad era por el frío que tenía. Enseguida le administraron nolotil a través de una vía, le pusieron el termómetro, que marcaba 40 grados, le tomaron la tensión, que estaba muy baja y le pincharon en los dedos indicando que tenía bajo el azúcar. Durante ese tiempo, le poníamos compresas de agua fría en la frente y los brazos. Después de una hora, sólo le bajó la fiebre a 38,5 grados. La doctora decidió mandar a mi hija al Hospital de El Escorial para que le hiciesen otras pruebas. Le pusieron suero y la trasladaron en la ambulancia.Cuando llegamos al Hospital de El Escorial, el personal de la ambulancia llevó a Raquel en una silla de ruedas hasta el servicio de urgencias. Transcurrido bastante tiempo desde que llegamos, le realizaron una analítica y esperamos los resultados cerca de dos horas. Durante todo ese tiempo Raquel estuvo sentada en un sillón, vomitando y administrándole paracetamol y suero mediante goteo. Nadie se acercó a preguntarle cómo se encontraba hasta que nos trajeron los resultados de la analítica. Me dijeron que tenía bajo el potasio y que se lo administrarían a través de la vía, lentamente, para evitar que se le hinchara el brazo. Estuvo con potasio puesto cerca de tres horas. Raquel seguía sentada en su sillón y diciéndome: “Mamá, me encuentro muy mal”. Yo en todo momento la intentaba animar diciéndole que enseguida se encontraría mejor, pues yo estaba tranquila pensando que, al estar en el hospital, no pasaría nada. Cuando se le acabó el potasio, la hicieron unos nuevos análisis para cuyos resultados tuvimos que esperar otras dos horas. Una nueva doctora nos trajo los resultados y nos comunicó que estaban bien. Yo le comenté que Raquel seguía con fiebre y vomitando y ella le administró más paracetamol y prinperán por la vía y nos recomendó que tomara suero. La doctora nos dijo que, si en media hora había dejado de vomitar, se podía marchar a casa. Finalmente, Raquel dejó de vomitar y la doctora nos mandó a casa indicándonos que siguiéramos administrándole allí los medicamentos que estaba tomando. Yo le comenté que la fiebre persistía pero la doctora me dijo que acababa de quitarle el paracetamol y que pronto se le bajaría. También le comenté que se seguía encontrando mal y me dijo que, cuando llegásemos a casa, se metiera en la cama y la dejásemos dormir y descansar. Por último, me dio el informe y nos fuimos. Antes de recibir los informes, le pregunté qué era lo que tenía y me dijo que se trataba de una gastroenteritis. Llegamos a casa sobre las 13:00 horas. Después de toda la noche sin dormir, Raquel se metió en la cama y media hora después se levantó y me dijo: “Mamá, me encuentro muy mal” y se tumbó en el sofá. Empezó a tener frío otra vez, le puse el termómetro y seguía con 38,5 grados. Empecé a ponerle paños de agua fría en la frente y comencé a preocuparme más. Me había quedado tranquila con el diagnóstico de gastroenteritis. En otras ocasiones, mis hijas han tenido gastroenteritis y, aunque no me parecían los mismos síntomas, sabía que en unos días se les pasaba. Pero como no me parecía normal que no le bajase la fiebre con todo el paracetamol que le habían administrado, decidí ir al Centro de Salud y enseñarle el informe a la doctora de cabecera. Cuando lo leyó me dijo que hiciera lo que me habían dicho y que en dos horas le diese ibuprofeno en forma de pastillas que se deshacen en la boca para evitar que las vomitase. Cuando llegué a casa, Raquel seguía con muchísima fiebre sólo que ahora se le estaban poniendo los labios morados. Pensé que sería del frío que sentía y de la fiebre. Continué poniéndole paños de agua fría y el termómetro para vigilar la fiebre. Más o menos como en una hora le bajó la fiebre a 37 grados. Al momento, la frente comenzó a ponerse morada y al mirarle el cuerpo observé que tenía la tripa del mismo color. Me puse muy nerviosa porque no veía a mi hija bien y llamé al Centro de Salud para comentárselo a la doctora. Me dijo que la llevase para allá pues ella no podía acudir a nuestro domicilio porque estaba pasando consulta. Le dije que Raquel no podía moverse y me dijo que me mandaba una ambulancia pero finalmente mi hermano la llevó en brazos. Cuando la doctora la vio, le cambió la cara y rápidamente llamó a la UVI móvil para trasladarla al Hospital Puerta de Hierro. Mientras íbamos en la ambulancia, recuerdo la cara de mi hija, que tenía los ojos cerrados, aunque consciente en todo momento. Lo único que me dijo fue que le dolía mucho la tripa. Al llegar al Hospital, enseguida la metieron en la sala de urgencias. Un rato después, una doctora me preguntó si alguien me había dicho que mi hija tenía meningitis y yo me quedé de piedra y le dije que no, que nadie, en ningún momento me había hablado de eso. Me comentó que Raquel tenía una meningitis de tipo B, muy grave. No entendía nada, pues sabía muy poco sobre esa enfermedad y no podía entender que mi hija la tuviera y que se encontrase en estado grave. Me dijo que estaban haciendo lo que podían y que saldrían cada rato a informarme. Os podéis imaginar lo mal que me sentía. Al rato salió otro doctor y me dijo que Raquel estaba muy grave y que se encontraba consciente pero que tenían que sedarla para poder hacer más pruebas. Los que habíamos estado cerca de Raquel tuvimos que tomar unas pastillas para evitar el contagio. La última vez que salió el mismo doctor, me dijo que estaban preparando la UCI y que le esperásemos allí. Estuvimos esperando más de tres horas hasta que nos dejaron verla. Yo pensaba que la iba a ver como estaba antes de llegar a Puerta de Hierro, pero no fue así Mi hija estaba morada, hinchada, conectada a muchas máquinas e intubada. Fue en ese momento cuando me di cuenta de la gravedad del estado de Raquel, aunque mantenía las esperanzas, pues eso era lo que me transmitía mi familia. Me derrumbé, cuando pasadas unas horas, me dijeron los médicos que mi hija estaba muy muy mal. Ya no le funcionaba ningún órgano y lo siguiente que me dijeron es que el cerebro había dejado de tener actividad y le iban a realizar un escáner para certificar su muerte. Raquel falleció el día 16 de abril de 2008, dos días después de presentarse los primeros síntomas. El certificado médico de defunción indica: “Raquel murió a consecuencia de sepsis fulminante por germen no filiado. Fallo multiorgánico”. Después de unos días me enteré de que en el informe que me habían dado en el Centro de Salud de Guadarrama se indicaba: “Remito Hospital del Escorial para valoración y descarte síndrome meníngeo”. Y también me enteré de que del Hospital del Escorial la mandaron a casa, a pesar de que en la última analítica realizada allí indicaba la existencia de una infección, algo que en ningún momento tuvieron en cuenta y para lo que ni siquiera le administraron antibióticos. Lo que sí os digo, es que no sabemos qué hacer con esta pena tan grande que sentimos tanto su padre como yo, sus hermanas Nuria y Beatriz, sus abuelos, sus tíos y toda la gente que la quería, que os aseguro, es mucha…. Todos nos hemos quedado sin Raquel, que era para nosotros lo más importante, pues la queríamos con locura, ella se hacía querer por todas sus cualidades, que eran muchas… Este es un breve resumen de lo que le sucedió a mi hija Raquel, quería hacerlo público para que toda la gente sepa reaccionar a tiempo ante esta enfermedad y no le pase como a mí.
Un saludo
Juani
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