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La historia de Irene
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| Adriana |
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El sábado pasado todo era tan normal; pasamos el día en la calle con la pequeñina, celebrando el aniversario de Bodas de su papá y su mamá: Se portó como un ángel, como siempre, y seguía tan feliz y tan contenta que no podíamos suponer, ni en nuestras peores pesadillas, lo que le esperaba pasar en las siguientes horas. Llegamos a casa sobre las 6 de la tarde y, como era un poco tarde para ella, decidimos acostarla para que descansara un poquito, ya que era muy dormilona. A las 8, y como no se había despertado, fuimos a por ella, para que no empalmara la siesta con la noche. Protestó un poco para salir de la cuna, cuando lo normal era lo contrario; siempre tenía ganas de salir cuando la íbamos a buscar. Enseguida vomitó, pero el vómito era "normal": el potito y el yogur de la comida. Pensamos que le dolería la barriguina, los dientes, un simple frío, porque estuvimos de paseo y ya empieza a refrescar, qué sabíamos nosotros..... Metimos a la niña en la bañera, porque se había manchado pero, con lo que normalmente le gustaba el agua, la niña no tenía ganas de baño entonces; enseguida la sacamos. Como hasta este día la niña nunca había estado mala, sólo catarrines y mocos - lo normal en un bebé - le pusimos el termómetro por si acaso. La temperatura: 37º, normal, y, aún así, como era su primera vez de estar malita, para prevenir, le dimos su dosis de Apiretal. Le intentamos dar de comer, pero la niña estaba inapetente; decidimos meterla en la cama con nosotros y le pusimos sus dibujos preferidos, Pocoyo. A la niña la veíamos muy cansada, estaba agotada; pensábamos que era por su primer vómito y enseguida se recostó de un lado para dormirse y la llevamos a su cuna; antes le volvimos a mirar la fiebre: 37º ("normal"). A los 20 minutos, más o menos, la niña protestó un poquito y la volvimos a llevar a nuestra cama y seguimos viendo sus dibujos. Seguía igual de agotada; se recostó y echó un montón de flemas. La niña estaba con catarro y pensamos que ese era el motivo del primer vómito: que quería expulsar las flemas. Volvimos a tomarle la temperatura: 36,6º ("normal"). Otra vez la niña se volvió a quedar dormidina y la llevamos a su cuna, ya hasta la mañana siguiente. Cuando, al día siguiente, fue su mamá a buscarla, la tragedia ya había llegado a nuestra casa: la niña estaba boca abajo, agonizando, con la espalda descubierta y llena de manchas por todo el cuerpo. Cuando la giró y vio su cara, fue horrible: un cuerpo muerto entre sus brazos, con la mirada fuera de sí. Corrimos a llevarla a Urgencias al Hospital y, nada más llegar, ya nos dijeron que se trataba de una sepsis y que era muy grave. Llegamos a las 9 y, tras una hora y media intentando reanimarla, certificaron su defunción a las 10,30. Esa hora y media fue eterna: nos metieron en una sala de espera y el médico entró tres veces para comunicarnos que estaban intentando reanimarla, pero Adri no respondía: la maldita sepsis meningocócica se nos había llevado a la alegría de nuestra casa. Queremos que este testimonio sirva, en la medida de lo posible, para ayudar a otra gente y, si es posible, hablar y conocer a otras personas que estén en nuestra misma situación.
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