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La historia de Irene
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| Agustín Cano |
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En seguida me dieron la dirección de la página web de la Fundación Irene Megías, y esa fue la manera de contactar con el padre de Irene, Jorge. La verdad es que la web es bastante dura pero, sinceramente, así es la realidad y así es como hay que verla. Tengo que deciros que, para mí, la meningitis ha pasado a ser mi enemigo número uno. Mi impotencia y mi odio ante esta enfermedad es infinita, y más cuando os puedo decir, sinceramente, que, con mis 39 años y viviendo en una gran ciudad como es Cartagena, no había oído hablar casi nada de esta enfermedad, y menos aún de los estragos que puede llegar a causar. Esta impotencia de que os he hablo se agranda con este no saber de la enfermedad ni poder ver qué enemigo es el que se llevó a mi hijo. Con referencia a esto, escribí una carta a las autoridades sanitarias de Murcia y a los periódicos, ya que veía que parecía como si hubiera ocultación por parte de Sanidad hacia esta enfermedad, y todavía sigo sin entenderlo: tendría que haber más información sobre la meningitis, como la hay sobre otras cuestiones relacionadas con la salud (tabaco, antibióticos, etc.,) pero me he dado cuenta de que hay temas que no interesan, que no dan dinero. Veo como si nuestra medicina fuera cada vez más encaminada a eso, al “dinero”: Cada vez hay más cirujanos estéticos, más clínicas de fertilidad…pero, en lo que se refiere a este tipo de enfermedades, nada de nada, sólo habladurías como, por ejemplo y claramente en mi caso, lo del tanto por ciento de vidas que se podrían salvar de esta enfermedad. Yo no soy médico, pero a nuestro pequeño todo le pasó en cuestión de unas horas: por la tarde estaba corriendo, jugando, riéndose a carcajadas con su hermana (no me olvidaré nunca de eso) y, por la noche, se puso malito, con malestar y fiebre, como tantos otros niños. Fue por la mañana cuando notamos algo raro y lo llevamos a Urgencias. Aquello fue fulminante: a las 13 horas nuestro pequeño ya había fallecido. Según los médicos, se trató de una conjunción de sucesos muy poco probables. Por eso pienso que el reconocimiento temprano de síntomas está bien, pero no solucionará todos los casos y, seguramente, es más eficaz en adultos. Yo creo que la solución definitiva recae más bien en que los poderosos se pongan manos a la obra y encuentren soluciones radicales (vacunas para todos los casos, etc.), que estoy seguro algún día llegarán, como ha pasado en la historia con muchas otras enfermedades. Pero, hasta que llegue ese momento, muchas más vidas quedarán en el camino; todo esto es una verdadera pena… Para mí es crudo y frío decirlo, porque nos ha tenido que pasar esta desgracia para darnos cuenta: parece que vivimos como en un cuento, y que vamos a estar protegidos. La verdad es que todo estaba y está lleno de desgracias pero, hasta que no te toca a ti, haces con crueldad oídos sordos; pero la realidad es que la única protección que tenemos somos nosotros mismos, y nada más. No se si algún día se irá de mi ánimo esta impotencia y esta envidia hacia la gente cuando, por ejemplo, estamos en sitios públicos y ves tantos niños con sus padres, o cuando ves en la televisión esos malos tratos infantiles, o el vecino de al lado de tu casa cuando le chilla o le pega al niño…supongo que os pasará lo mismo. Qué diferente se ve todo ahora, después de la desgracia, ¿verdad?: nos damos cuenta de qué injustos somos, o hemos sido, con la vida de nuestros seres queridos. Al igual que te das cuenta de que todo queda en nada, cuando has dado todo lo mejor de ti para tus hijos: que si medicina privada, que si alimentos frescos, que si cuidados extremos, y luego…toma: sacudida que te da la vida; por lo que acabas viendo que todo es una farsa: estamos marcados por nuestro destino y no hay más que hablar, por irreal que suene. Agustín Cano.
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