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Alejandro
Alejandro

Hola soy Rosario la madre de  Alex que por desgracia nos dejó un 29 de Octubre a las 9.05 de la mañana, con 25 años. Todo comenzó un domingo, el día 26 de Octubre de 2008, nos encontrábamos en nuestro pueblo, nos habíamos desplazado para ver a los abuelos que están en una residencia. Mi hijo acababa de venir de Cork, Irlanda, después de pasar un año allí con una beca Erasmus y un trabajo en prácticas  en una gran multinacional  (muy querido lo mismo en la Universidad que en la empresa). Se vino para terminar su carrera de Ingeniero Informático para lo cual sólo le quedaban tres asignatura y el proyecto prácticamente terminado. En estos momentos, si viviera, ya estaría en Cork con su carrera terminada y un buen puesto de trabajo en su multinacional, como él la llamaba. Pero todo se le fue de las manos en dos horas, que fue lo que más o menos tardó en entrar en coma.

El domingo sobre la una de la tarde  le empezó a doler la cabeza un poco; apenas comió y eso que tenía su comida favorita, le dimos un Gelocatil que me pidió y  pensamos que le había dado mucho el sol, pues hizo un día estupendo y, cómo llevaba más de un año en Irlanda, apenas había visto el sol.

Nos volvimos y de regreso a Alcorcón, Madrid, se empezó a poner bastante mal. Tuvimos que parar para que se le pasara un poco ya que tenía muchos escalofríos y temblaba mucho. Llegamos a casa  y le hice tomar otro Gelocatil  y le mandé acostarse. Le puse el termómetro y tenía 39º, entonces le insistí mucho para ir al hospital pero él se puso muy burro y no le dio la gana de ir. No tenía más síntomas que la fiebre, pues le estuvimos moviendo todo el cuerpo por si tenía rigidez  en el cuello o las piernas, pero en ningún momento tuvo algún síntoma de nada, sólo fiebre y el dolor de cabeza. Pasó la noche más o menos bien; la fiebre le fue bajando a base de paños de agua fría.

Por la mañana del lunes comenzó nuestro calvario. Fue entonces cuando me dijo “mira, me ha salido un salpullido”. Inmediatamente nos marchamos a urgencias del ambulatorio para que le miraran  lo del salpullido, pero  la doctora que le miró nos dijo que no parecía nada, que podía ser un catarro o un virus (ahora todo son virus para los médicos) y que tomara Ibuprofeno y Paracetamol por si le seguía doliendo la cabeza. Pasó la mañana más o menos bien.

 Apenas comió, sólo una taza de caldo y a las 3 de la tarde le comenzó un gran dolor de cabeza. Tampoco tenía síntomas de rigidez alguna, pero sí vómitos, así que nos marchamos a urgencias del Hospital de Alcorcón, donde lo entraron enseguida y al cabo de 20 minutos nos avisaron de que pasáramos. Pasamos y nos empiezan a contar que estaba entrando en coma y que lo tenían que sedar para que no sufriera, pues le iban hacer una punción lumbar, porque le habían visto un sarpullido y creían que era MENINGITIS. En todo momento nos tuvieron informados de lo que le estaba haciendo, le estabilizaron y pasamos a la U.C.I. para verle, pero ya lo vimos muy mal. Nos dijeron que nos marcháramos a casa, que si pasaba algo nos avisarían, y a la hora de estar en casa nos avisaron de que había empeorado y le tenían que trasladar al Hospital Puerta de Hierro pues necesitaba que le pusieran una cánula en el cerebro para liberarle presión. En el Hospital de Alcorcón no había Neurocirujano.

Sobre las 10 de la noche ya estábamos en Puerta de Hierro esperando a que le trasladasen en una  U.V. especializada, lo subieron a la U.C.I. y salió la médico a hablar con nosotros, y nos dijo que no tenia salvación, y que si salía se quedaría como un vegetal; pues lo que tenía era SEPSIS Meningocócica. Le pusieron una cánula en el cerebro pero no sirvió de nada pues era tan grande la presión que tenía que apenas se liberó nada. En este hospital siempre tuvo un trato exquisito, intentaron salvarle por todos los medios habidos y por haber, pero no se pudo hacer nada  por él. Mi hijo duró 36 horas en coma hasta que se fue para siempre. Al menos pude donar sus órganos.