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La historia de Irene
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| Álex Jiménez |
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Àlex se levantó como cada día para ir a “l’escola” y a las 10 de la mañana me llamó su profesora porque estaba a 38,5º. Pensamos que sería una otitis ya que era propenso… Su abuelo fue a buscarle y le dieron Dalsy. Su estado era apático pero pensamos que era la fiebre y mi madre, decía que el niño estaba raro, que sus manos estaban frías y que había algo que no le gustaba. Jose, su padre, fue a buscarle y lo llevó a la pediatra a las 16h, una excelente profesional que comentó que no le veía nada, que esperáramos a la mañana siguiente para ver si lo que fuera daba la cara. Le llevamos a casa y estaba quietecito (algo impensable para su carácter), tumbado en el sofá. Cenó y vomitó, no le dimos importancia. Llamaba constantemente la abuela y nos decía que mirásemos las plantas de los pies, que si tenía “manchitas” que fuéramos corriendo a urgencias, le preguntamos por qué pero no nos dijo nada, sólo que eso sería malo. Tenía dos en el tobillo pero como sólo eran esas dos, pensamos que serían granitos de la fiebre. Le acostamos con nosotros para poder darle medicación si le subía la fiebre de nuevo y a las 3.30 de la madrugada nos despertamos, Àlex se quejaba… Le miramos los tobillos y tenía alguna petequia más. Su padre comentó que había algo que no le gustaba, que fuéramos a Urgencias. Por el camino Àlex se quejaba e iba vomitando, estaba semiinconsciente. La doctora le miró y las manchas se habían multiplicado por todas sus extremidades, le faltaba oxígeno y seguía vomitando. Empezó a correr y le tomaron varias vías, llamaron a una UCI móvil y nos trasladaron a Llamamos a su pediatra para explicarle lo que sucedía y se quedó muda literalmente, estuvo llamando al hospital e informándonos de todo lo que se enteraba y podía. Jose entró a verle, yo no podía enfrentarme a la imagen; la pediatra me dijo que me tomara tiempo. En un rato hice acopio de fuerzas y entré. Pensaba que me derrumbaría pero no, pese a ver a Àlex lleno de vías, cables, máquinas, intubado, con un detector de actividad cerebral… tuve la serenidad de hablar con él y decirle que le queríamos, que luchara, que confiaba en él. Salí y le dije a su padre “no tengo miedo, sé que va a salir de ésta”. Todos eran más pesimistas, yo sabía que él estaba luchando y que creer en él era ayudarle en su lucha. Al día siguiente me pidieron que le intentara despertar porque le habían retirado la sedación y no despertaba; temían secuelas cerebrales. Lo intenté, le hablaba, le cantaba, le acabé sacudiendo de impotencia… él quería pero no lo lograba. Todos nos miraban desde el cristal y llorando nos empujaban a los dos, le sonreían, le tendían las manos, le hablaban. Yo me acuerdo que le decía “hijo, hay mucha gente que te quiere, que nos quiere y creemos en ti, tienes que despertarte”. No lo conseguimos y los médicos se lo llevaron para hacerle un TAC, creían que había afectación en su cerebro y todos se derrumbaron. Yo seguía creyendo en Àlex y les dije que estaba segura de que estaba bien y que si no lo estaba, si no salía adelante, nosotros teníamos la suerte de haberlo tenido y que saldríamos adelante. Resultado: había inflamación propia de la meningitis pero Àlex estaba perfecto, simplemente necesitaba más tiempo. Despertó, subimos a planta y en una semana los médicos estaban estupefactos ante su evolución. Tuvimos suerte, lo sé, pero también me gusta creer que nuestra fe y nuestro amor le ayudó en su lucha. Àlex es un niño valiente, tiene una alegría de vivir impresionante, es cariñoso y nosotros queremos que cuando sea más grande sepa lo que pasó porque creemos que los tres tenemos la responsabilidad de vivir un poquito por aquellos niños que no tuvieron la suerte de Àlex. Esta es nuestra historia. Sabemos que le debemos un poco nuestra suerte a la intuición de la abuela y a la de su padre de no querer esperar para llevarle. Los médicos nos felicitaron por actuar tan rápido pero también nos dijeron que nos había ido de minutos. Y eso es la vida, unos minutos cruciales…
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