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La historia de Irene
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| Antonio Caballero |
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Mi nombre es Beatriz Caballero y tengo 24 años, y el que sale en la foto es mi padre, Antonio Caballero de 55 años, junto a mi madre. Esa foto se la saque durante su recuperación en el Hospital Infanta Leonor de Madrid. Ya adelanto que este testimonio tiene un final feliz y el protagonista de esta historia está sentado ahora mismo a mi lado. En día de Reyes de este año mi padre arrastraba un catarro común al que no se dio ninguna importancia. El día 10 de Enero, se levantó sobre las 4 de la mañana como cada día para ir a trabajar, tenía un poco de fiebre pero como es un cabezón, aun en esas condiciones nunca faltaba a su trabajo. Se uniformó, cogió el coche y se fue, en el trayecto empezó a encontrarse mal y tener mucho frio. Aparcó el coche y cogió el Personal, autobús de la empresa que le deja en la misma cochera de Autobuses. En la oficina preguntó si había reservas, porque se encontraba mal para conducir y mejor se iba a casa. Le acercaron donde tenía el coche, lo cogió y llegando a casa tiritando, un fuerte dolor de cabeza se apoderaba de él. Se metió en la cama vestido en posición fetal, y empezó a engarrotarse. Empezó a gritar: “Me estalla la cabezaaa”, “Juani por favor llama a alguien que me va a estallar”. Mi madre llamó a un vecino y a la ambulancia. Como el “dichoso protocolo” indica, mandaron un médico para verle y éste dijo que no le pasaba nada grave (pues menos mal). Mi madre no paró de insistir en que llamara a una ambulancia porque ella sabía que algo le pasaba, que él no se queja y encima el padre de mi padre murió con 38 años de un derrame cerebral. Al final el médico llamó y le trasladaron al Hospital Infanta Leonor ya inconsciente. Desde que mi madre llamó hasta que le trasladaron pasó cerca de hora y media. En urgencias, todas las enfermeras se pusieron las mascarillas y al poco tiempo de meterle para adentro, nos informan que creen que es meningitis y van a punzarle la espalda. Efectivamente, en nada le metieron en la UCI con una meningitis mortal. Nos dejaron verle un momento y vaya imagen, estaba botando en la cama, haciendo sonidos extraños y movimientos involuntarios, con la mirada perdida. En el momento nos dijeron que tenían que sedarlo y que intubarlo para poder trabajar con él. Al rato salen a informarnos, palabras textuales de la médica: “Esta muy grave, tiene una meningitis mortal y en 24 horas o sale o se nos va”. Se te cae el mundo encima y te acuerdas del médico que en casa te dijo que no tenía nada… Pasamos las primeras 24 horas y seguía igual de grave. Nos dijeron que la meningitis fue derivada del catarro común, la cantidad de mucosidad almacenada en sus carrillos se fue hacía el cerebro y le produjo la meningitis. Me imagino que también pensareis, ¡qué cosa más rara!, pues sí, por un catarro de nada se debate entre la vida y la muerte. Ahora, nos dijeron que esperáramos 48 horas porque estaba muy grave y todo indicaba que no iba a salir. Pues armados de positivismo, ánimos y mucha fuerza, esperamos. Así un día tras otro, pero cada día con más esperanza porque él estaba luchando, y cada hora que pasaba era un punto a nuestro favor. Los médicos nos decían que estaba muy grave pero que ahí seguía, yo creo que ni ellos se lo creían. A los 5 o 6 días, la cosa se complica, una neumonía se aloja en sus pulmones. Fumador desde hace 40 años de dos cajetillas diarias tenía que luchar contra una neumonía con los dos órganos más débiles que tenía: pulmones de fumador. Se multiplicaba la medicina, ya no sólo había que tratar la meningitis, sino que era vital erradicar la neumonía. Tres días fueron suficientes para hacerla desaparecer y volver a la lucha contra la meningitis. Sus pulmones estarán negros, pero deben ser de hierro. Para acortar la historia diré que los días siguientes fueron iguales: sedado e intubado y grandes dosis de medicación pero con más esperanza o prácticamente convencidos de su recuperación, total no podía tirar la toalla después de tanta lucha. De vez en cuando intentaban despertarle pero su sistema nervioso aprisionado por la meningitis le hacía reaccionar con movimientos involuntarios e inconscientes. Al décimo día, entramos a la visita y estaba despierto!!!! Te cogía la mano, sonreía, lloraba y te contestaba con la cabeza ya que la intubación y demás tubos que tenía en la boca le impedían hablar, pero no hacía falta. Esos 4 últimos días de la UCI le empezaron a bajar la respiración mecánica para que sus pulmones se activaran hasta que se la retiraron, le sentaban y le hacían rehabilitación porque perdió la movilidad. Por sorpresa, la joven médica que le atendió en urgencias nada más llegar entro a la UCI a verle. Nos dijo que se alegraba mucho, que para ella era como de su familia y había estado informada en todo momento. Dice que cuando le vio bajar de la ambulancia, veía a su hijo en la camilla, pues hacía seis meses su hijo adolescente pasó por lo mismo. Por ello, no dudo un momento en punzarle la espalda porque los síntomas que traía eran como los de su hijo. Fue toda una suerte que ella estuviera ahí, cada minuto que hubiera pasado hubiera sido vital. También el cuadro médico de la UCI se merece una mención, un grupo joven para los que sacar a mi padre adelante fue todo un logro en su carrera. No se esperaban el final feliz pero les estamos muy agradecidos. Después de 15 días de “sin vivir” le subieron a planta para su recuperación. No podía andar por lo que hacía rehabilitación y aprendió a andar de nuevo como si fuera un bebe dando sus primeros pasos. Y necesitaba coger masa muscular y peso, pues había perdido 18 kilos. En cuestión de diez días le daban el alta y volvía a casa. No le había quedado aparentemente ninguna secuela (lo que suele ser muy raro), pero con el tiempo podría pasar. Y solo decir que pasó, después de un mes, un fuerte ataque de epilepsia viendo la televisión una noche, le devolvía a la UCI, esta vez del Gregorio Marañón. Me gustaría recalcar que querían volver a mandar un médico a casa cuando mi padre yacía inconsciente en el suelo del salón con convulsiones cada 5 minutos, asique tuve que decirles de todo al teléfono y ni aun así bastó. Después de casi una hora esperando, un vecino en la calle paró a un coche de la Policía Nacional que casualmente pasaba y les comentó que había un hombre muy grave y la ambulancia no aparecía. Los jovencísimos policías subieron y se asustaron al ver su estado, por lo que preguntaron muy enfadados y gritando por su walkie, dónde estaba la ambulancia. En cuestión de 5 minutos, 2 ambulancias, 2 coches del Summa y una UVI móvil llegaban a casa. Cabe decir que simplemente, es vergonzoso, sino es por los policías ¿Cuánto tiempo más hubiéramos esperado? Intubado y sedado fue trasladado en la UVI móvil. Estuvo ingresado tres días en la UCI y unos diez días en planta para hacerle todo tipo de pruebas, la meningitis estaba erradicada pero le había quedado de secuela la epilepsia. Mi padre hace vida normal, es epiléptico, pero después de todo, decimos que es lo mejor que le ha podido pasar. Su vida ha cambiado, como él dice: “Salude a San Pedro en el cielo”. Ahora ha dejado de fumar, hace deporte, se cuida, aprovecha cada instante aunque sea para dar un paseo junto a mi madre o pasar un rato conmigo y mis hermanos. También como curiosidad decir que mi padre perdió tres hermanos recién nacidos por meningitis, en aquella época cuando no había ni cura. Y para terminar, e gustaría acordarme del “bendito protocolo del 112” que tuvimos que sufrir dos veces y que si la próxima vez le da un ataque como pueda le llevaré yo en mi coche. Seguro que llego mucho antes. Espero que este testimonio sirva de ejemplo para muchas familias que estén atravesando un mal trago como este y que no pierdan la esperanza. Que sepan que hay historias con final feliz, y aunque es difícil hay personas que han vencido a esta fatídica enfermedad.
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