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Gibran Alexei

Gibran

Mi nombre es Eva Mac y soy de Cozumel (México). Mi niño de 14 meses, Gibrán Alexei, enfermó el pasado mes de diciembre. Durante tres días tuvo unos picos de fiebre que no pasaban de 38 y mi esposo y yo decidimos llevarlo a su pediatra el miércoles 26. Desafortunadamente, debido a las fiestas decembrinas, la doctora se encontraba fuera de la isla, así que regresamos a casa y bañamos al bebé para que se durmiera tranquilo. Durante todo el baño no paró de llorar. Le dimos su leche para que se durmiera tranquilo pero unos 20 minutos después se despertó y se puso a llorar de nuevo. Mi esposo y yo pensamos que a lo mejor tenia muchas flemas y le dimos un medicamento que la pediatra le había recetado para esos casos.

Como a los 15 minutos, note que el brazo derecho se le agarrotaba y me alarmé. Después de un rato de tranquilidad, de repente otra vez el brazo mostró rigidez y después la pierna. Entonces decidimos llevarle a un hospital. El problema es que Cozumel es una isla que no cuenta con hospitales de calidad para atender emergencias así que decidimos llevar al bebé a un hospital privado. Durante el camino no dejo de convulsionar hasta tal grado que perdió el conocimiento. En el hospital tardaron un buen rato en poder controlar las convulsiones porque sus venas se rompían al canalizarlo. Nos pidieron autorización para hacerle una cirugía en el tobillo con el fin de encontrarle la vena y por ahí pasarle el medicamento, pero tampoco funcionó. A la mañana siguiente, el pediatra nos dijo que al niño era urgente que lo revisara un neurólogo, ya que él no encontraba la razón de las convulsiones y había que practicarle una tomografía para encontrar la causa.

Como contamos con el seguro social, el pediatra del hospital privado nos recomendó llevarlo a un centro público, para que desde allí nos trasladaran a Cancún o a la ciudad de Mérida. En el IMSS, el director del hospital, en principio, no quería autorizar el traslado ya que, según él, mi hijo estaba muy tranquilo como para estar enfermo. Mi bebé estaba todo el tiempo dormido. Al final autorizaron el traslado en ferry para cruzar al continente a las cuatro de la tarde. En ese momento eran las 12 del medio día, así que el niño perdió horas importantes en ese lugar. Los médicos deciden llevarlo a Cancún, al hospital de especialidad en pediatría, donde le dicen a mi esposo que será mejor que sigan el camino a Mérida ya que ahí no pueden atenderlo porque no hay neurólogo. En ese momento mi esposo, al ver el estado del niño, decide trasladarle al hospital privado Galenia que es, según tenemos entendido, el mejor de la península y por ende el más caro. No teníamos el dinero para este hospital pero nos encomendamos a Dios.

Una vez allí, el neurocirujano nos dijo que Gibrán Alexei estaba en estado grave y que necesitaba ser entubado en ese mismo momento porque estaba teniendo dificultades para respirar. Le realizaron una tomografía y nos comunicaron que le practicarían una punción lumbar, pero que el estado del niño era sumamente grave y que podría morir en cualquier momento.

Al día siguiente, el cuerpo de médicos, que en ese momento eran cuatro (el inaloterapista, cirujano pediatra, pediatra intensivista y el neurólogo), nos informó que el niño tenia meningitis por neumococo. Los médicos nos dijeron que la infección era muy grave y que debíamos de estar preparados para lo peor porque es una enfermedad muy mortal. Fue un momento sumamente horrible, pero se encontraba conmigo una prima que es cristiana, bueno somos cristianos nosotros, y empezamos a clamarle a Dios y a Jesucristo para que guiara a los médicos para salvar al peque.

El sábado 29 el neurólogo, a boca jarro, me dijo: “señora, la infección que tiene su hijo es generalizada así que sería casi un milagro que no tuviera muerte cerebral”. Me dijo que estaban haciendo todo lo humanamente posible para sacarlo del estado tan grave en el que estaba. Al día siguiente, domingo 30, el pediatra intensivista examinó al bebé y llegó a la conclusión de que no tenía muerte cerebral, pero eso no quería decir que estuviera fuera de peligro.

Hoy se cumplen 21 días desde que esta difícil prueba comenzó. Gracias a la Gloria de Dios y a ese grupo de médicos, que no se despegaron del bebé hasta sacarlo de terapia intensiva, Gibrán superó el neumococo. Aún así, debido a la infección tan agresiva, el líquido cefalorraquídeo le estaba ganando espacio al cerebro y lo estaba aplastando. Días después le hicieron una cirugía para colocarle una válvula para drenar el líquido de la cabeza hasta el perineo. Todo salió muy bien.

Gracias a Dios, ahora solo tenemos que esperar que el niño se recupere satisfactoriamente de esto y pagar esta deuda porque la lucha nos ha costado ya casi 1.000.000 de pesos mexicanos que vienen siendo casi 100.000 dólares americanos. No sabemos como lo vamos a pagar, sinceramente, porque somos gente sin ese poder adquisitivo pero se verá como hacerlo porque la vida de este soldadito de Dios vale eso y 100.000 veces más. Gracias y, la verdad, me gustaría crear una fundación como la suya aquí en México porque queremos ayudar a gente como nosotros que sufre por este mal tan asesino y que casi nadie sabe de que se trata hasta que lo vive. Dios me lo bendiga siempre....

 

Eva Mac, Cozumel (México)