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| Joel |
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El viernes 25 de Junio de 2010 por la noche, Joel, nuestro hijo con tan solo 2 años y medio de edad, comenzó a encontrarse un poco mal, tuvo un poquito de fiebre y vomitó. Era tarde y decidimos darle Apiretal (para la fiebre) y Motilium (para los vómitos). Si con esto no dábamos solución iríamos al hospital, pero sí que obtuvimos resultados, dejó de vomitar y la fiebre le bajó, así que pensamos que lo mejor sería dejarle descansar esa noche y llevarle al médico al día siguiente, ya que era bastante tarde. Así hicimos, la noche la pasó un poco inquieto (cosa a la que no le di importancia, ya que él, desde que nació, ha sido un niño que no ha dormido bien, no me pareció anormal). Tuvo picos de fiebre durante toda la noche, por lo que yo le iba suministrando su dosis de Apiretal cada 4 horas.
La mañana del sábado es cuando empezó nuestra cruel y horrible pesadilla.
En estos momentos no lo sabíamos, pero a nuestro gran tesoro le había declarado la guerra su peor y más temible enemigo, una diminuta, pero asesina y fulminante bacteria, EL MENINGOCOCO.
Yo me levanté sobre las 9h, y como había pasado la noche intranquilo, decidí dejarle descansar y cuando se despertara le llevaríamos al hospital (pensando, lógicamente, que había cogido un poco de frío, algún virus, etc., lo típico en un niño de su edad, QUÉ INGENUOS FUIMOS….).
Joel me llamó a las 9:30h, me dijo: “Mami, vamos fuera a jugar”.
Estaba un poco decaído, así que fui a cambiarle para irnos al hospital cuando le ví una pequeña manchita en su brazo izquierdo, era como una moradura, como si se hubiera dado un golpe, cosa que era imposible ya que la noche anterior como tuvo fiebre le bañé a las 12h de la noche y no tenía nada, y en la cama era imposible que se hubiera dado un golpe. Me asusté y continué cambiándole muy rápido para irnos, y cuál fue mi sorpresa cuando le ví 2 manchas más de este tipo en su barriguita……. Rompí a llorar, será el instinto maternal, no sé, pero todos intentaban tranquilizarme diciéndome que no me preocupara, que sería una intoxicación, algo que le había sentado mal, etc. Yo quería hacerles caso, pero, dentro de mí, algo me decía que a mi hijo le estaba sucediendo algo nada bueno.
No acabé ni de cambiarle, tal cual estaba nos lo llevamos al hospital más cercano, el Hospital de Manises. En el coche de camino, Joel iba decayendo por momentos, le llevaba en mis brazos y cada vez pesaba más, no mantenía erguida su propia cabeza. Estaba consciente pero muy débil.
Ya en el hospital, al decir en el mostrador de Urgencias que no respondía, me hicieron pasar urgentemente. Nos atendió la gran dra. Inés Costa. Ella diagnosticó rapidísimamente la enfermedad de Joel, SEPSIS MENINGOCÓCICA (malditas palabras, maldita enfermedad, maldita bacteria…..). Tuvimos la grandísima suerte de que nos atendiera ella, ya que hace 5 años hizo una tesis sobre todo tipo de Meningitis (incluyendo la Sepsis). Nos dijo que Joel estaba muy grave y que lo tenían que preparar todo para trasladarlo inmediatamente a la U.C.I.P. del Hospital Clínico de Valencia, allí ya había un equipo de médicos esperándole, ya tenían toda la información de Joel.
Había una S.A.M.U. esperando para trasladar a Joel, donde no nos dejaron subir. Sólo nos permitieron darle un besito antes de subirlo a la Ambulancia.
Nuestro viaje en coche hasta el Clínico fue horrible, eterno, nos perdimos, no sabíamos llegar, y yo toda la vida he vivido por esa zona, mi mente se bloqueó.
Una vez allí, esperamos 2 horas a que saliera alguien a hablar con nosotros.
Por fin salió otro estupendo pediatra, Josele. Él nos explicó la enorme gravedad de Joel, no salió antes porque no conseguían estabilizarle. Joel entró en la U.C.I. con fracaso multiorgánico. Nos dijo que estaba en estado muy, muy crítico y que sólo quedaba esperar y ver su respuesta.
Cuando entramos a verle fue……….. No encuentro la palabra exacta, fue indescriptible, increíble, inimaginable. Los que habéis pasado por esto lo sabéis.
Nuestro angelito estaba tumbadito en una cama, desnudito, conectado a todo tipo de aparatos, sondas, cables, tubos, vías, ventilación mecánica (que lo mantenían artificialmente en vida), con un ventilador a su lado para intentar bajarle la fiebre (les costó 3-4 días bajársela), con esas ahora enormes y negras manchas repartidas mayoritariamente por sus pequeñas piernas y pies y algunas otras por los brazos, manos, oreja, tripita, párpado del ojo izquierdo, etc.
Fue un shock para nosotros, realmente duro, pero cuando entrábamos a verle, no sé de dónde sacábamos las fuerzas, pero intentábamos no llorar, no sabemos si nos oía o no, pero nos poníamos en sus orejitas y le susurrábamos y cantábamos para que nos sintiera, estuviera más tranquilo, y sobretodo, siguiera luchando. Eso es lo que más le pedíamos.
Nos hablaron de posibles secuelas muy graves, tanto neurológicas como físicas (amputaciones, injertos de piel, etc.) en caso de que lo superase.
Así fueron pasando los días, con la incertidumbre de no saber cuál iba a ser su desenlace, con la gran pena de no verle ninguna mejoría y con la esperanza de que, por lo menos tampoco empeoraba.
Desde luego los 6 primeros días fueron los peores, los de máximo riesgo, los de estar pendientes del teléfono continuamente y temblar cada vez que sonaba, los de notar la falta de aire al respirar, los de tener esa agonía continua.
Al 6º día, el 2 de Julio, también lloramos, pero de alegría. Cuando llegamos lo habían extubado. Estaba despierto! Muy débil, pero despierto. Durante 3 días tuvo el síndrome de abstinencia, por todas las drogas que le habían metido. Le hicieron las pruebas pertinentes para apreciar las secuelas neurológicas que posiblemente le habrían quedado, pero todas salieron bien. Estuvo en total 18 días en la U.C.I.P., hasta que lo bajaron a planta el 14 de Julio.
Ahora nos esperaba la parte más dolorosa para Joel físicamente hablando.
La necrosis que le produjo las petequias tuvo que ser desbridada, por lo que le quedaron heridas abiertas muy importantes, sobretodo, en sus piernas.
Estas heridas necesitaban de curas diarias al vivo que duraban 1 hora y media. Imaginaos el calvario para un niño de 2 añitos.
El 27 de Julio se le practicó una intervención quirúrgica para cerrarle algunas heridas y hacerle varios injertos de piel.
Más curas largas y dolorosas……..
Y por fin, el 14 de Agosto, le dieron el alta a Joel. Dejábamos atrás esos 49 interminables días y volvíamos a casa, con un informe de alta que da miedo leer. Son 5 hojas que ponen los pelos de punta.
Seguíamos con curas y unas incómodas y enormes vendas.
Hoy en día Joel es un niño feliz, totalmente recuperado de esta gravísima enfermedad. Sus únicas secuelas son las horribles y grandes cicatrices que le han dejado las petequias y los injertos en sus piernas y alguna otra parte de su cuerpo, por las que seguimos teniendo revisiones periódicas con el cirujano plástico para intentar mejorar su aspecto mediante distintos tratamientos. La neuróloga le ha dado el alta porque considera que está perfectamente.
Con este testimonio lo que pretendemos es dar ánimo y esperanza a las personas que, desgraciadamente, tengan que sufrir esta película de terror en sus propias carnes.
Es una situación desesperante, en la que ves, que a una criatura totalmente sana y con toda una vida por delante, ésta se le escapa de las manos a chorros sin tú poder hacer absolutamente nada en un margen de tiempo mínimo, horas. Pasa de estar estupendamente a verle en la U.C.I. con su vida pendiendo de un hilo.
No se puede asimilar.
Pero hay casos con final feliz, como el nuestro. Un rápido diagnóstico y una pronta intervención pueden salvar vidas. Así que, a la mínima sospecha de que nuestros familiares o nosotros mismos podemos tener algún síntoma de esta enfermedad hay que acudir rápidamente al hospital, aunque luego sea una simple gripe; y con la aparición de las temidas petequias, no hay que correr, hay que volar.
Siento haberme extendido tanto con el testimonio, pero no me quería dejar ningún detalle. Escribir esto, para mí ha sido un gran desahogo.
Y por último, quisiéramos agradecer a todos los equipos médicos por los que Joel pasó, a la Fundación Irene Megías y, por supuesto, a nuestra gran y queridísima familia y amig@s, el enorme apoyo, el magnífico trato y el interés que hemos recibido por parte de todos ellos con tanto mimo, ternura y comprensión.
GRACIAS POR TODO!
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