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La historia de Irene
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| Lourdes |
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Hola, mi nombre es Lourdes, soy de Córdoba y voy a contar mi testimonio, mi gran pesadilla. Con ello, me encantaría poder ayudar a más personas que se hayan encontrado o estén en alguna situación parecida, para que actúen sin dudar, en lo que es una enfermedad mortal o, si no mortal, con graves secuelas para un futuro. Mi niñita Lourdita, como yo la llamaba o, mejor dicho, la sigo llamando, era una niña alegre, súper especial; estábamos muy unidas y era, y sigue siendo, lo mejor de mi vida. Esa tarde, la terrible tarde del día 17 de julio de 2009, mi niñita estaba en casa de mi tía Manoli, pues yo estaba trabajando y mi tía, que es y sigue siendo como su segunda madre, estuvo toda la tarde jugando, bailando, cantando con ella, y le dio su merienda. Lourdita era súper coqueta y presumida. Esa tarde me llamó para hablar conmigo y le dije que, cuando saliera de trabajar, me llegaría a verla, pues ese fin de semana iba a pasarlo con su papá (el padre y yo estamos divorciados, pero existe una buena relación entre los dos). Su padre la recogió y, cuando la llamé, ya me había dicho mi tía que Lourdita tenía unas décimas de fiebre. Yo no le di mucha importancia, pero salí en su busca e inmediatamente la llevamos a Urgencias del hospital Reina Sofía de Córdoba. Allí la estuvieron mirando y me dijeron que se trataba de un virus, algo muy normal con esos síntomas; su respiración era acelerada y estaba muy decaída, pero yo no le di mayor importancia. Me dijeron que le diera Ibuprofeno y nos marchamos a casa. Se quejaba porque le dolía el brazo y la pierna y vomitó en tres ocasiones, pero la misma doctora me dijo que era de la fiebre. Nos dijo que si seguía igual hasta el domingo, la volviera a llevar al hospital.
Esa noche decidimos su padre y yo que se quedaría conmigo, y al día siguiente la recogería para quedarse con él el resto del fin de semana. Cuando llegué a casa, mi Princesita quería dormir, tenia mucho sueño, y la acosté en el sofá para poder observarla; mientras, yo puse una película. Estaba muy intranquila y me decía cosas incoherentes, cosas que no tenían sentido. Me asusté mucho, llamé a su padre y volvimos a ir de nuevo al hospital. De camino al hospital, la tenía en brazos, me miraba y estaba muy seria. Yo le decía que sonriera un poquito y ella lo hacia sin ganas. Mi niña, en sus 7 años de vida, sólo había enfermado en 4 ocasiones, más o menos, de algún resfriado, lo normal de los niños; pensaba que se trataba de algo similar, hasta que empezó la pesadilla… La doctora, la misma que la atendió unas horas antes, me dijo que sería un virus y que la dejarían en observación. Le pusieron suero y la acostaron en una camita. Ella era consciente de todo. Su papá y yo nos pusimos a su ladito. Sobre las 3 de la madrugada fui a verla a darle un beso y a taparla un poquito, y descubrí una MALDITA MANCHA en su pequeño cuello; yo me puse muy nerviosa y presentí que algo malo estaba pasando. Inmediatamente llegaron los médicos y empezaron a hacerle pruebas de todo tipo, y me dijeron que se la llevaban a la UCI. Yo no me lo podía creer; era una película surrealista, una pesadilla; a mi Princesita no le podía pasar nada, ¡era mi niña, mi Lourdita! Durante 4 horas no supe nada; yo me preguntaba si me estaría echando de menos, si tendría frío; yo quería ver a mi muñeca, a mi niña, a lo más hermoso de mi vida… Cuando salió la enfermera y me comunicó que mi niña tenía SEPSIS MENINGOCOCICA, le dije: “¿que tiene qué?”. Yo no tenía ni idea de lo que era eso - esa palabra no la había oído en mi vida - y me explicó que era una infección que está en la sangre, y que le afectaría a sus pequeños órganos. Yo pensé que ella era fuerte y que saldría de esto. Me dijeron que tendríamos 4 horas al día para verla, pero yo pude entrar a verla un ratito antes de que empezaran las horas previstas de visita. No voy a explicar, ni puedo deciros cómo la vi, aquello no podía ser verdad. Ella era consciente de todo, me dijo que le habían echado vaselina de fresa en los labios porque los tenía muy secos y me dijo: "Mami, cántame una canción”. Yo le dije que una no, que mejor le cantaría dos, y así lo hice. Al rato me dijo la enfermera que saliera de la habitación; mi niña me dijo que no me fuera y yo le tuve que decir que sí, que me tenía que ir a trabajar (le mentí para que se conformara), pero nunca imaginé que aquella fuera la última vez que volvería a verla viva. Una hora después me informaron de que le había dado una parada cardíaca y que su pequeño corazón había dejado de latir; intentaron reanimarla una y otra vez, pero su corazoncito no pudo latir más. Esta es la pesadilla con la que vivo y viviré el resto de mi vida, pero sé que algún día me encontraré con mi Lourdita, con mi angelito; pero, hasta ese día, no dejaré de preguntarme: ¿cuántas muertes más, por esta maldita enfermedad, tendrán que venir?, ¿cuántas meningitis seguirán matando a más personas?, ¿cuándo habrá una vacuna que cure esta maldita enfermedad?, ¿por qué sus síntomas son como un virus cualquiera y no hay algo más avanzado que pueda detectarlo?... En mi entorno nadie conocía la Sepsis Meningocócica. Sé que mi Lourdita está conmigo, que su alma me acompaña cada día, que algún día yo me reencontraré con ella, que todos iremos al cielo… pero mi caso, al igual que miles de otros casos, tiene que servir para que en este mundo en que vivimos no pase esto, que salga una miserable mancha para saber si es una Meningitis o una Sepsis. Ojala que su muerte y la de muchos otros sirva para algo... ojala. Gracias le doy a la FUNDACIÓN IRENE MEGÍAS CONTRA LA MENINGITIS, que por suerte he podido conocer personalmente, para comprobar que ellos, los padres de Irene Megías y mucha otra gente, han pasado y están pasando por lo mismo que yo. Ahora mi niña está en cielo junto con mi madre, la abuela que nunca conoció; con sus otros abuelos paternos, que tampoco conoció, y con su bisabuelo que sí llegó a conocer, cuya pérdida ella sintió mucho. Ellos seguro que la están cuidando, y ella estará feliz. A mí esta enfermedad me ha quitado parte de mi vida, pero yo sé que mi Princesita es feliz allí. A ti, mi querida Lourdita, te dedico todo esto; porque te amo y te amaré siempre. Siempre juntas. Mi mail es: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
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