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Lucia

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Mi hija se llama Lucía y ahora tiene 15 meses.

El día 14 de febrero de este año 2010, Lucía pasó un día totalmente normal. Tuvimos comida con la familia de mi marido y después la vestimos de payasito (pues eran carnavales) y nos fuimos a dar un paseo. Merendó y cenó estupendamente y estaba alegre y dinámica como es ella.


La metimos en la cuna y nos fuimos a dormir como cualquier otro día. A las 00:30 o así del día 15 empezamos a notar que estaba inquieta en la cuna, gemía un poco y se movía pero sin despertarse. Mi marido se levantó y se la llevó al salón pensando que se tranquilizaría y la acostaría de nuevo, pero no fue así. Estuvo con ella hasta las 2:00 de la madrugada o algo así, hora en que vino con la niña cogida a despertarme diciéndome que tenía mucha fiebre, tanta como 39º. ¿Cómo? ¡No podía ser!,si no tenía ni tos, ni mocos,¡ni nada de nada!.Mi marido me dijo que la había puesto el termómetro por ver si tenía fiebre aunque no la notaba calor, y, efectivamente, tenía 36.5º, pero a los 10 minutos se lo volvió a poner porque la notaba ardiendo y la había subido a 39º. Le dimos paracetamol y la bajó a 37.5º pero a la hora la volvía a subir, así que a las 4:00 de la mañana aproximadamente decidimos llevarla al centro de salud de nuestra localidad, Cuéllar (Segovia).


La verdad es que la miraron bien pero no tenía síntomas aparentes de nada, excepto un poco rojos la garganta y el oído pero nada de importancia. Nos recomendaron darla paracetamol e ibuprofeno alternándolo cada 3 horas y vigilarla, y si empeoraba, que la volviésemos a llevar.
Nos fuimos a casa e hicimos lo que nos habían dicho. Mi marido y yo nos alternamos para vigilarla. Él se fue a trabajar sin pensar en nada grave, pero según pasaba el tiempo yo iba viendo a la niña cada vez más pálida, tiritaba, pero no abría los ojos, ni lloraba, pero algo me decía que lo que la estaba pasando no era normal. No sé si sería intuición, el 6º sentido que dicen tenemos las madres, pero yo lloraba sabiendo que algo la estaba pasando y no me daba buena espina. Hacia las 9:00 de la mañana llamé a mi marido al trabajo para que viniera porque cada vez la veía peor y había vomitado una vez (el vómito no era normal, es uno de los síntomas) y presentaba un color muy pálido, los labios un pelín amoratados y casi no respondía. Vino rápido y la llevamos a su pediatra por urgencias (no me esperé a la cita que había pedido esa madrugada) y nos la envió al hospital a Segovia en nuestro coche, que era lo más rápido, sin alarmarnos, puesto que ya tenía algunas petequias por la cara y parte del cuello(otro síntoma: son manchitas inicialmente pequeñitas de color rojizo).Ya por el camino no respondía, adormilada, muy pálida y vomitó otras dos veces. Tengo que decir que Cuéllar está a 60 km. de Segovia, así que tardamos un rato en llegar.

Enseguida entré a urgencias al box y mi marido se quedó en la sala de espera. Hizo una diarrea rarísima (otro síntoma), como si no controlara ni el esfínter, sólo gemía con un ruidito y ni se movía. Ya no me dio tiempo a ver más. Me mandaron salir y acto seguido la sacaron en camilla con oxígeno y me dijeron que tenían que subirla a la planta de pediatría para ponerla una vía (me imagino que sería para no alarmarme, pues yo cada vez la veía con más petequias y avisé de ello, aunque no sabía lo que era).Nada más subir a pediatría, hubo un despliegue tremendo de personal hablando en términos médicos que yo no entendía pero sabía que algo iba mal. Enseguida me sacaron fuera y a los 5 minutos salieron a decirme que llamara a mi marido porque Lucía estaba muy grave y no sabían si iba a vivir. Os podéis imaginar, es lo peor, yo no entendía nada pero para mí ya era una tragedia: mi hija estaba bien y de repente me dicen ¡que está a un paso de morir!

Llamé a mi marido y subió corriendo. Salieron a decirnos que estaban intentando estabilizarla, pues la tensión arterial la bajaba y estaba taquicárdica, y nos dijeron que tenía una sepsis (infección generalizada del organismo), no sabían provocada por qué, pero que así no aguantaría ni en la UVI móvil para trasladarla a Madrid, ya que en Segovia no hay UVI pediátrica ni muchas especialidades en pediatría. Consiguieron estabilizarla y como a las 14:00 horas la trasladaron a la UVI pediátrica del Hospital Ramón y Cajal. Mi marido y yo nos trasladamos en nuestro coche. Hacia las 18:00 de la tarde salió el médico que la recibió a hablar con nosotros y nos dijo que tenía muy mal color (ya tenía las manchas moradas, aunque tampoco eran muchas (otro síntoma). Había que esperar: las primeras 24/48 horas serían decisivas para su supervivencia (las más largas de nuestra vida). Lucía consiguió pasar esas primeras horas y aguantó y luchó como una campeona durante 17 días que vivió ese calvario en la UVI, de los cuales estuvo 12 o 13 entubada y sedada con sonda nasogástrica, con catéter para medicarla directamente al corazón y un montón de aparatos. Diagnóstico: Shock séptico producido por meningococo B, para el cual no existe vacuna (Lucía estaba y está vacunada absolutamente de todo para la edad que la corresponde, incluso de las que no entran por la Seguridad Social, al menos en nuestra comunidad autónoma. Al día 18, fue dada de alta de la UVI totalmente curada y sin secuela de ningún tipo,(tuvo suerte y no llegó a tener meningitis)y trasladada en ambulancia a la planta de pediatría del Hospital de Segovia, en el que estuvo 5 días para terminar un tratamiento antibiótico que la quedaba.


Hoy, Lucía es una niña de casi 16 meses totalmente curada y sana, y muy, muy alegre, como lo era antes de que la entrara esta maldita enfermedad.

Sé que mi testimonio es muy extenso, pero quiero que todo el mundo lo lea con atención, porque el más mínimo detalle puede ser válido para detectar cualquier síntoma y que se sepa que el tiempo de actuación es primordial para salvar la vida de quien por desgracia lo padece. También quiero dar mucha, mucha esperanza a quien esté pasando por ello y a sus familiares, porque por muy mal que puedan ponerse las cosas, todo puede acabar bien.

Mi marido y yo queremos dar las gracias desde aquí (aunque ya lo hicimos en persona en su día) a la pediatra de Lucía en Cuéllar, al equipo médico y de enfermería de pediatría que la atendió en ese momento tan fatídico del Hospital General de Segovia y cuando volvió de Madrid y, por supuesto,a todo el equipo médico y de enfermería de todos los turnos del servicio de UVI pediátrica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, que la siguieron sacando adelante y nos hicieron sentir lo mejor posible dentro de esa situación y estando lejos de casa.   

Alicia Hernanz Tejero, mamá de Lucía.