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La historia de Irene
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| Nicolás Augusto |
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Llegué a la clínica y los médicos comenzaron a correr, yo no entendía nada. Me decían “esto es muy grave señora, muy grave. Mire estas manchas, corre peligro” ¿De qué? Pregunté. Corre peligro de muerte, me contestaron. Son horas terribles de recordar. Lo llevaron a terapia, él me extendía la mano, me decía mami… Al rato me hicieron entrar, le hablé y él se quejaba. Cuando su padre le habló, se levantó, lo abrazó y le dijo “papá llévame de acá”. Nico admiraba a su padre, lo imitaba todo el tiempo, era un hombrecito. Cuando entramos de vuelta a verlo… no puedo contar ya lo que era, no podía creer lo que veía. No despertó más. Hizo dos paros respiratorios, y me dijeron que era una sepsis meningocócica y que era un caso entre un millón. No recuerdo la hora exacta, pero serían alrededor de las 7 de la tarde cuando el médico pidió autorización para desconectarlo. Fue así como me quedé sin mi hijo con un profundo dolor, impotencia, Y MUCHA CULPA.
Todavía no entiendo por qué no reaccioné antes, por qué no me di cuenta. Nunca imaginé que una fiebre o lo que parecía algo normal y pasajero en un niño iba a tener este desenlace. Me hace muy mal recordar todo esto, fue el día en que comenzó mi infierno, el día en que esta enfermedad traicionera se llevo a mi bebé, se llevó la mitad de mi vida… Pero espero que sirva y RUEGO por que se pueda encontrar una vacuna. Mi Nico tenía 4 años, era hermoso, con unos cachetes inolvidables, dulce, pícaro, cariñoso, divertido, y estaba tan sano… Conversaba con los vecinos, quienes siempre tenían caramelos para él. En el jardín, hasta las maestras del colegio de su hermana me hablaron de Nico. Todos lo recuerdan. Hoy, a pesar del dolor, yo sé que él está bien. Antes de partir dijo “No hagan nada, yo me voy a morir, me voy con los tres señores que están ahí”. Sólo él los podía ver... Por eso sé que si él se quiso ir es porque realmente esta bien y feliz, al menos es lo que deseo con toda mi alma.
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