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Testimonio Verónica – “La visión de una niña de 15 años”. Hay cosas que nos pasan en la vida y que jamás se olvidan, en mi caso fue un día de enero de 2004. Yo acababa de cumplir los 15 años hacía apenas un par de semanas cuando me ocurrió. 13 de enero, un martes como otro cualquiera, volví del colegio y pasé la tarde con toda normalidad. Al caer la noche empecé a encontrarme mal, dolor de cabeza, un poco de fiebre, malestar en general. Parecía que simplemente iba a resultar una noche sin dormir para mis padres controlando la fiebre de su hija, sin embargo, acabó siendo el hecho que no olvidaremos ninguno de los tres en nuestra vida.
La mañana del día 14 no había mejoría, la fiebre seguía subiendo, aparecieron vómitos, somnolencia, más que dolor lo que notaba era una enorme presión en la cabeza, yo para mí, con 15 añitos pensaba “Si noto presión es porque hay algo que no debería estar ahí”, no era consciente ni de la existencia de la enfermedad que verdaderamente tenía, ni de sus síntomas.
Muy a mi pesar, siempre me llevé muy mal con los médicos, me llevaron a mi médico de cabecera, el cual me diagnóstico una fuerte gripe, y me mandó el típico antibiótico para estos casos. El día continuó. Mi madre, siempre muy atenta y observadora, se fijó en unas pequeñas manchitas que salieron en mi piel. Alarmada se puso en contacto con el médico familiar para comentárselo, a lo que él aseguro que podría tratarse de una reacción alérgica al antibiótico, recetándome otro en sustitución al anterior. Cosa que nos extrañó, ya que no era la primera vez que tomaba ese medicamento.
El día 15 de enero de 2004, con fiebre altísima, vómitos, manchitas en algunas zonas de mi piel, somnolencia, presión de cabeza, con todos los síntomas con los que hoy sin duda mis sospechas gritarían “Meningitis”, mis padres me llevaron, sin ningún tipo de resistencia por mi parte, al hospital Montepríncipe de Madrid. Nada más llegar ingresé en urgencias de pediatría, a partir de entonces sólo tengo vagos recuerdos, entre ellos, una gran intolerancia a la luz, por lo que me tuvieron que meter en un cuarto a oscuras. Me realizaron una punción lumbar que dio como resultado Meningitis bacteriana provocada por el meningococo C. Nos resultó raro, ya que estaba vacunada de meningitis, sin embargo, nos explicaron que no existía vacuna para la gran cantidad de bacterias que causan esta enfermedad.
En aquel momento yo no sabía qué estaba pasando, tan solo recuerdo ver a mis familiares más cercanos llorando y mi madre entre lágrimas decirme “tranquila cariño, ya saben lo que te pasa”. Fue la primera vez en mi vida que yo oí la tan temida palabra “Meningitis”. No fui consciente de la gravedad que esa palabra acarreaba hasta que vi a los médicos corriendo de un lado para otro, y a mis padres con un miedo infinito en el cuerpo, ya que las horas siguientes fueron cruciales para evaluar las posibles secuelas que podrían quedarme. Se avisó al colegio y a los lugares que habían sido más frecuentados por mi durante los últimos 10 días para poner un tratamiento preventivo a aquellas personas con las que podía haber existido un riesgo de contagio. Afortunadamente, no hubo que lamentar ningún otro caso. Tras unas horas más en urgencias, me subieron directamente a planta; a partir de ahí todo fueron buenas noticias. Los dos primeros días seguía con fuertes dolores de cabeza, alguna molestia ante la luz y algunos mareos al intentar levantarme, pero tras una semana ingresada en el hospital, todo fue volviendo a la normalidad.
A pesar de la experiencia tan horrible que fue para mí, sé que tuve mucha, muchísima suerte, mi diagnóstico fue en el mejor momento posible. Desde entonces comprendí lo importante que es conocer los síntomas y actuar a tiempo en enfermedades de este tipo. Sin ninguna duda, mi suerte no hubiera existido de no ser por la rapidez de reacción de mi familia y del personal médico. Mis padres sí que tenían un ligero conocimiento de los síntomas de la enfermedad, sin embargo, hasta mí llegada al hospital no padecí en ningún momento rigidez de cuello, lo cual siempre habían escuchado como una forma rápida de detectar la meningitis, esto es debido a que no siempre tienen por qué aparecer todos los síntomas. No conocían el síntoma de la aparición de las petequias en la piel, el cual nos fue explicado ya en planta. A día de hoy tengo 23 años, estoy terminando mi carrera en la universidad y no tengo ningún tipo de secuela, tan solo un recuerdo de un mal momento, pero una satisfacción enorme por saber que llegamos a tiempo.
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