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Victor
VictorEste es el testimonio sobre mi hijo que padeció esta terrible enfermedad y, gracias a Dios, ahora lo contamos como un milagro, pero no me alcanzará la vida para dar las gracias por habérmelo devuelto.

En la madrugada del 25 de septiembre de 2007, con un mes y medio de vida, Víctor Emilio empezó a llorar sin poder hacer nada para calmarlo. Pensamos que tenía un cólico pero el llanto era demasiado. Le tomamos la temperatura y era normal, así que llamamos al pediatra a las 5.00 am y nos citó a las 8.00 am para revisarlo. A esa hora, el bebé no paraba de llorar. El doctor le revisó su cabecita, nos dio unas gotitas para descartar que fuera un cólico y nos dijo que volviéramos si no se calmaba en 2 horas, y así lo hicimos porque en el tiempo que nos indicó, no mejoró nada. 

El médico dijo que teníamos que hospitalizarlo para realizarle una serie de pruebas, para ver que tenía nuestro bebé. Mis piernas perdieron fuerza, empecé a llorar, mi esposo bajo su cara y me abrazo. En ese momento me pasaron mil cosas por la mente. ¿Qué hice mal? ¿Por qué mi bebe? 

La prueba que le realizaron fue una muestra de líquido cefalorraquídeo, para ver si existían glóbulos blancos que indicaran si había alguna bacteria en su cuerpo. A las 5 de la tarde nos dieron los resultados y el pediatra nos dijo, con una voz muy seria, que lo que tenía el bebé era una infección en su sistema nervioso a causa de una bacteria. Yo no entendía muy bien y le pregunté que si eso tenía un nombre “común” y me dijo que sí pero que no me asustara por que a Víctor Emilio se lo habían detectado muy a tiempo. Se trataba de MENINGITIS.

En ese momento me sentí morir. Me dieron un golpe tan fuerte que me senté del impacto. Esa enfermedad esta llena de mitos. Pensé: ¿se va a morir?, ¿es contagioso?, ¿tendrá secuelas?, ¿de dónde viene esa bacteria, donde se contagio? Según pasaban los días, las dudas crecían pero, gracias al excelente pediatra que Dios nos puso en el camino, las cosas fueron menos difíciles de lo que podrían haber sido. 

Los 3 primeros días en el hospital fueron muy complicados. Nuestro hijo lloraba sin parar porque tenía fuertes dolores de cabeza y cada movimiento que hacía le molestaba mucho. Pero poco a poco iba mejorando. Teníamos que permanecer 10 días en el hospital, que es lo que dura el tratamiento. El neurólogo nos decía que todo iba por buen camino, pero no podíamos cantar victoria hasta el décimo día y así fue. Nuestro bebe salió al décimo día de allí. Los doctores no se explican lo a tiempo que fue todo. En esta enfermedad el tiempo corre muy rápido, pero creo que Dios nos indicó el camino.

Ahora, a casi 6 meses de esta pesadilla, nuestro hijo esta sano, sin ninguna secuela. Su desarrollo es de lo más normal, como cualquier bebé. Esta experiencia fue muy dolorosa para toda nuestra familia. Nos ha enseñado que la salud es lo más importante, sobre todo para nuestros hijos. Agradezco a Dios la bendición de tener a nuestros hijos sanos, dándonos la oportunidad de hacerlos felices. Y que gusto saber que existen asociaciones que están dedicadas a esta enfermedad. Pienso que el secreto de esto es detectarlo a tiempo como en el caso de mi hijo. Si cada padre conociera los síntomas, se salvarían muchas vidas.

 

Un cordial saludo desde México,

 

Mayra Armendariz