La meningitis le dañó la médula con 29 años, pero no le quito sus fuerzas y ganas de luchar: la historia de Irene.

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De nuevo nos llega otro relato que pone de manifiesto que la Meningitis no entiende de edad ni avisa que va a llegar... y como te puede cambiar la vida en "un abrir y cerrar de ojos"

Irene colabora con la Asociación desde hace unos meses y además participa activamente difundiendo nuestras actividades a través de sus redes, también formando parte de nuestras comunicaciones y eventos.
Ella misma ha escrito su testimonio para compartirlo con todos vosotros. ¡Gracias Irene por este ejemplo de lucha y superación!

"Mi nombre es Irene y padecí meningitis con 29 años.

Mi historia comienza un 14 de septiembre de 2012, aunque para que conozcáis un poco más mi historia voy a comenzar a contaros desde unos meses atrás.

Soy de Badajoz allí tenía una vida algo monótona y después de algún tiempo me encontraba con ganas de tener un cambio en mi vida.
Después de un viaje a Málaga para ver a mi familia un amigo me ofreció un puesto de trabajo y sin pensarlo acepté. En abril de 2012 comenzaría una nueva vida.  El cambio al principio fue costoso, echaba de menos a mi familia y amigos pero allí en Calahonda estaba comenzado una nueva vida que me gustaba mucho. Trabajaba en una peluquería, también baila de Gogó como afición y tenía un nuevo círculo de amigos que eran una maravilla.

Todo me iba genial hasta el fatídico día. A principio de septiembre hice un viaje a Badajoz para visitar a mi familia y amigos. Los últimos días allí ya me sentía algo débil pero lo acarreé a las fiestas y a no parar en casa.

Irene antes de padecer Meningitis con 29 años

Volví a Calahonda y al día siguiente ya empece con malestar. Problemas digestivos pero por la operación que me hicieron de pequeña, siempre los he tenido y no le daba mayor importancia.
El día 13 ya empece a encontrarme mucho peor, tuve que dejar el trabajo para marcharme a casa porque no tenía fuerzas ninguna.

Una de mis amigas al ver que me encontraba bastante mal decidió pasar la noche en casa conmigo por si empeoraba. Pase la noche vomitando, no había cenado nada y cada vez me iba encontrando peor.

A la mañana siguiente mi amiga Raquel,  a la que le debo la vida por estar esa noche conmigo, antes de ir a trabajar entró en mi cuarto sin imaginar lo que se encontraria. Estaba sin conocimiento y con unas convulsiones que me hacían botar.
Enseguida llamó a la ambulancia,
al descubrir mi pecho vieron las temidas petequias y me llevaron al hospital costa del Sol en Marbella. Toda urgencias se volcó en mi caso cuando llegué.
La primera informada fue mi tia, que también vivía en Málaga, fué corriendo al hospital y cuando llego le dieron la peor de las noticias: "no pensamos que salga adelante y en cualquier momento..."
Ella quedó en shock pero tenía que mantener el tipo para llamar a mis padres y decirles que tenían que viajar a Málaga porque estaba ingresada sin profundizar en mi estado porque el viaje de mis padres sería largo y si les decía realmente lo que me pasaba, podrían tener un accidente y sería mucho peor.

Por lo que me cuentan cuando llegaron mis padres y les informaron de todo, tuvieron que salir fuera del Hospital porque solo querían llorar y gritar.
Informaron a toda mi familia. Mi hermano se quedó en Badajoz y el iria a los pocos días a Marbella donde estaba ingresada. Parte de mi familia sin pensarlo viajaron para estar al lado de mis padres porque esperaban lo peor.
Al día siguiente mi madre entró en UCI. Me cuenta que me vio hinchada por la medicación y el lado derecho de la cara tenía una parálisis facial.

Estuve cuatro días en coma inducido y esos días entraban parte de mi familia para hablarme y yo desde donde quisiera que me encontraba reaccionaba al oir sus voces y mis pulsaciones subían.

Al cuarto día me despertaron del coma y al sexto día me llevaron a planta. Yo no fui consciente de todo hasta pasadas unas semanas. 

La meningitis me había causado una lesión medular incompleta lumbar. No sentía ni controlaba nada de cintura hacia abajo.

Después de varios cambios de hospitales de volver a mi ciudad y seguir hospitalizada allí,  llegó el momento de ir al Hospital de Parapléjicos de Toledo para mi recuperación y donde me enseñarian a vivir con mi nueva situación.
Allí estuve 8 meses ingresada, fue muy duro pero gracias a mi madre que en ningún momento se separó de mi lado y del apoyo de mi familia y amigos conseguí llevarlo lo mejor posible.

Después del alta en el hospital de Toledo comenzaba mi nueva vida. Me quedé en silla de ruedas con muy pocas esperanzas y probabilidades de poder volver a caminar. Cuando llegué a mi ciudad comencé con mi rehabilitación, que sería mi nuevo trabajo y que a día de hoy sigo haciendo todos los días.

Al año mi madre y yo decidimos ir a Málaga a vivir, que después de todo no le guardo ningún rencor a la ciudad. Hoy en día con mucho esfuerzo y contra todo pronóstico de los médicos puedo caminar con muletas. Sigo teniendo algunas secuelas por la lesión medular pero nada con lo que no se pueda vivir"

Ahora he decidido no aplazar hacer cosas para otro momento y vivir el día a día porque no sabes cuando la vida te puede dar un "sustito". Hay que disfrutar de todos los momentos que te brinda la vida.